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El cuidado emerge como una competencia esencial para un futuro más justo y sostenible
El cuidado emerge como una competencia esencial para un futuro más justo y sostenible
Un Congreso que puso de manifiesto el reto de generar comunidades que cuidan la salud mental de nuestros menores.

El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza ha acogido durante todo el día de hoy el II Congreso Internacional del Cuidado Educativo Integral. En él se han analizado elementos clave que vinculan, como dice su lema, «Salud mental, tecnologías y cuidado de las comunidades educativas». Organizado por la Cátedra Fundación Edelvives; el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón; y el Centro de Innovación, Formación e Investigación en Ciencias de la Educación (CIFICE) de la Universidad de Zaragoza, ha reunido a más de 700 personas (en formato presencial y on line), de todo el ámbito educativo (equipos directivos, educadores, coordinadores de bienestar) y otros profesionales vinculados a infancia y adolescencia (psicólogos, psiquiatras, pediatras, trabajadores sociales, educadores sociales…).
La vicerrectora de Estudiantes y Empleo de la Universidad de Zaragoza, Ángela Alcalá, ha destacado durante la inauguración cuán importante es que la universidad favorezca el conocimiento y la investigación y genere nuevas colaboraciones y sinergias en esta materia como las creadas con la Cátedra Fundación Edelvives y el Gobierno de Aragón. La consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Tomasa Hernández, ha recalcado que «nos preocupa el uso de tecnología, la irrupción de la IA en el mundo educativo. Pero si educamos desde el conocimiento de la tecnología, crearemos niños capaces de adaptarse a los cambios sociales y culturales, capaces de ver la tecnología como una herramienta a su servicio y no al contrario». Por su parte, Javier Cendoya, director general del Grupo Edelvives, ha destacado cómo a pesar de que «vivimos en un estado de shock, falta de liderazgo, lleno de fracturas, en guerra, donde el desarrollo de la IA va muy por delante de nuestra capacidad (…) la respuesta, en ningún caso, puede ser el repliegue. Necesitamos lugares donde reflexionar y pensar qué queremos hacer», como este congreso. Finalmente, Jacobo Cano y Sandra Vázquez, los dos directores de la Cátedra Fundación Edelvives del Cuidado Educativo Integral y miembros del CIFICE, han agradecido a todas las personas que han colaborado para la realización del Congreso.
Durante todo el día se ha abordado el uso responsable de las tecnologías para la mejora de la educación y el bienestar emocional. Algunos de los mensajes clave que han resonado durante toda la jornada han sido: la necesidad de superar tensiones y generar más alianzas entre todos los agentes de la sociedad involucrados en la educación de menores y adolescentes. No solo los centros escolares y las familias, también las autoridades políticas, las asociaciones, fundaciones, las entidades sanitarias y las empresas de la digitalización, entre otras. También se ha abogado por que en los centros educativos se enseñe a los menores de edad a manejar las herramientas tecnológicas, dado que las van a necesitar para la vida y los colegios son los únicos lugares donde ese uso de la tecnología es segura para ellos. Y por eso se ha insistido en que es necesaria mayor formación, no solo para los menores, sino también para educadores y las familias, y entender la educación de una manera más integral.
El psicólogo, escritor y primer Defensor del Menor, Javier Urra, en la ponencia inaugural «El reto de educar siempre en cambio», ha explicado con ejemplos su experiencia de trabajo con jóvenes que habiendo cometido delitos se han rehabilitado tras recibir el apoyo y el camino de recuperación que necesitaban. Ha abogado por recuperar en la educación la ternura, el trabajo de la culpabilidad, la fraternidad y la confianza. «Hace falta optimismo y esperanza en el ámbito educativo», ha afirmado.
Varias mesas de diálogos han permitido compartir lecciones aprendidas, buenas prácticas y propuestas de futuro. En ellas, entre otros, se ha contado con la presencia de expertos como Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema, que ha explicado el proyecto Fluye sobre hábitos saludables, que ya se ha implementado en colegios de tres continentes y beneficia a más de 50.000 niños. Pellicer ha reivindicado la importancia del componente ético: «educar personas recias, prepararlas para usar bien esa tecnología que hoy no es opcional».
Lucía Halty, directora de la Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital y del proyecto «Sperantia» (Universidad P. Comillas) una aplicación web que ofrece asistencia psicológica personalizada y digitalizada para Primaria y Secundaria, ha recordado que hacen falta más estudios que expliquen si de verdad hay una relación entre el aumento del empeoramiento de la salud mental y el tiempo empleado en las pantallas. Para ella, «el tiempo de uso no predice nada. Lo que está por ver es la función que cumple la tecnología, si es reguladora o no de las emociones». En ese mismo sentido, Raimon Novell (Diktya Foundation) afirmó que «la dimensión digital es un acelerador que provoca un crecimiento exponencial de situaciones de riesgo. Pero nuestra respuesta tradicional sigue siendo lineal». Por eso, apostó por un enfoque preventivo, que las respuestas sean escalables y dar respuestas digitales a los problemas que el mundo digital nos ha generado.
Según la profesora de Comunicación y Nuevos medios (UCJC), Laura Cuesta, «no podemos sacar la tecnología de las aulas porque el centro escolar es el único sitio seguro, confiable, donde vamos a poder educar y formar para que adquieran todas las competencias digitales que van a necesitar, para tener herramientas emocionales y técnicas (…) No podemos dejar a toda una generación fuera del sistema que luego no pueda ser competente».
Por la tarde, el maestro, pedagogo, filósofo y columnista Gregorio Luri, en su charla «El extraño caso de los niños y niñas con las rodillas impolutas», expuso por qué a su juicio «la sobreprotección es una forma de maltrato”. Pidió a los asistentes que recuperen para los niños el juego libre y arriesgado. Para él, «la dependencia de los móviles es el síntoma de una infancia y adolescencia carente de mundo». Y si los entretenimientos pasivos están ganando la partida a los activos, lo que debemos preguntarnos es: ¿a qué necesidad han venido a dar respuestas las pantallas?




Una comunidad que cuida
Santos Orejudo, profesor de Psicología y Sociología de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, ha presentado un avance de la que va a ser la primera investigación española acerca de «Qué dice el alumnado sobre qué hacen y deberían hacer las escuelas que cuidan», que está siendo realizada por la Cátedra Fundación Edelvives. En ella se ha usado un enfoque novedoso, el de la inteligencia colectiva, y se ha contado con profesionales de muy variados ámbitos. Como avance ha subrayado que los alumnos valoran el ser más que una nota, son conscientes de que necesitan crecer en una comunidad que cuida y de que necesitan ser acompañados. De esta investigación se desprende también la necesidad de la formación del profesorado en temas del cuidado y del acceso de otros profesionales de la salud en la escuela.
Asimismo, se han dado a conocer herramientas recientes para la transformación educativa entre las que destaca el proyecto Kanjo, una aplicación basada en inteligencia artificial diseñada para ayudar a detectar el sufrimiento infantil mediante analítica emocional. O el proyecto ALAS (desarrollado por Fundación Edelvives) para la mejora de la atención y el autocuidado; o «Rebién», para mejorar la salud mental del alumnado y la convivencia, que en breve se aplicará en los primeros 35 centros educativos aragoneses. Y hubo espacio para que también los niños y niñas y sus padres fueran protagonistas y compartieran en público sus reflexiones y experiencias.
En la clausura, Juan Pedro Castellano, director de la Fundación Edelvives ha reconocido después de escuchar a tantos ponentes que se reafirma en que «el cuidado emerge como una competencia esencial para un futuro más justo y sostenible», y cómo hay que seguir avanzando en esta competencia educativa del cuidado integral, «que exige crear entornos donde las emociones sean un puente para el aprendizaje».
No han faltado tampoco la música ni el humor en este encuentro que ha abordado un tema tan actual, transversal e importante para las comunidades educativas y para los jóvenes y adolescentes, tratando de lograr el reto de que cada alumno se sienta valioso y respetado.




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